Claudia Silva (40) y Federico Pufal (49), un matrimonio de productores de Jardín América, comparten no sólo la vida, sino también sus conocimientos, legado de sus padres, fuertemente ligados al quehacer productivo.

Se casaron hace 20 años y tienen dos hijos: Sebastián, de 8, e Isabella, de tan sólo 2 añitos, quienes, al decir de Claudia, ya comienzan a mostrar aprecio por cómo cultivar la tierra y tratar a los animales. El valor del trabajo, la entrega y el esfuerzo son cosas que la pareja inculcan en sus niños.

Las plantaciones y cultivo del té y la yerba fueron recibidos por la pareja como herencia, producciones que trataron de mejorar conforme a las nuevas tecnologías. A esto, sumaron un criadero de cerdos, el único en Jardín América. De allí, llevan las producciones de cerdo a la feria franca de Posadas cada sábado. “Viajé un año a Alemania, allá me interioricé sobre la crianza y faena de cerdo, traje el conocimiento a la Argentina, aparte de la producción de té y yerba, empezamos a trabajar con el criadero”, destacó Federico al respecto.

“En mi caso heredé la práctica de la carne”, dijo Claudia, pues su papá era carnicero y fue ella quien siguió los pasos. Cuenta que hay algunos clientes que se sorprenden al ingresar a la carnicería y ver a una mujer atendiendo, cortando la carne y trabajando con la máquina. “Mi marido fue quién arrancó con el criadero del cerdo y hoy en la carnicería vendo nuestros propios productos”, reflejó.

En referencia al criadero de cerdos expresaron: “Hoy estamos contando con 30 madres y 3 padrillos, tenemos un criadero intensivo donde cada madre genera dos partos y medio por año, entonces hay que sacar a la madre y da una cría cada 114 días, donde genera entre 14 o 15 lechones por parto”. Además, contó Claudia: “Hay que tener buena instalación, tener en cuenta la genética, la comida y la vacunación, que son tres pilares fundamentales para que se desarrolle el trabajo, si uno de estos cuatro pilares falla, en alguna parte vas a perder”.

Cultivos

En cuanto a la producción de la yerba y el té, ya viene de años. “En el lugar en que cosecharon mis padres, hay partes que se tuvo que replantar, son cuadros viejos, donde hay que plantar nuevos y eso lleva su tiempo”, comentó Federico. “Desde que plantás hasta que cosechás, mínimo se tardan cinco años y luego se puede trabajar hasta 25 a 50 años depende del cuidado que se le da a la planta. Puede tener 50 años la planta, pero no va tener el mismo rendimiento”, agregó.

Al hablar de la vivencia en el campo, Claudia dijo: “A mí me encanta, yo vengo de la ciudad de Jardín América, vivía cerca del centro y al venir a la chacra, tenemos entre 600 a 1000 metros entre colono y colono, sinceramente no me faltó nada, me encanta vivir acá”. Al tiempo que agregó: “Mi mundo es mi familia, mi casa y mi trabajo”.

En cuanto a Federico, vivió en el campo desde chico. “La vida en la chacra no es fácil, hay que estar y lástima que no se le tenga tan en cuenta porque el productor es el que más sufre para llevar todo a la ciudad”, remarcó.

Además, Federico expresó que “para tener una buena producción hay que estar, trabajar la tierra y lograr plantaciones de calidad, demanda su tiempo. En todo hay metas, objetivos y dificultades, se aprende de los errores y en pleno camino también se conoce gente muy buena que ayuda y te enseña”.

Es fundamental la buena organización. Por esa razón, Federico se encarga del té, la yerba y faena de los animales, mientras Claudia dedica su tiempo a la carnicería, de preparar todos los productos del cerdo, además de trabajar en la casa y con el cuidado de los chicos.

“Yo me levanto todos los días a las 5:30 o 6 para preparar todo”, reflejó Claudia y Federico contó: “En épocas de té yo no tengo noches, cosecho desde las 20 hasta el mediodía del día siguiente y hay días que no duermo, por ende, hay muchas horas sin descanso”. El sacrificio y empeño bien puesto de manifiesto en esta pareja de productores.