Arnulfo Vera tenía 76 años, varias patologías y murió mientras dormía. Una médica de Salud Pública derivó el caso a la Policía, pero el profesional en turno de la fuerza no acudió. Tuvieron que pagar a un médico particular. Dolor en la familia.

La fecha de ayer será inolvidable para Zulema Páez. Primero porque temprano en la mañana despertó y constató que su esposo estaba muerto en la misma cama que compartían. Pero después del shock inicial, como si fuera poco lo vivido, chocó contra una maraña burocrática que forzó a mantener el cadáver en la habitación por casi ocho horas.

Finalmente, tras abonar 3.000 pesos por los servicios de un médico particular, quien certificó que el deceso de Arnulfo Vera (76) obedeció a causas naturales, el cuerpo pudo ser retirado por una empresa fúnebre de Oberá.

Pero antes, la viuda y sus hijos tuvieron que sortear la indiferencia y falta de compromiso de funcionarios públicos que habrían omitido el protocolo de procedimiento, sobre todo cuando existe alguna duda de la causa del deceso, tal lo expresado por la médica de Salud Pública que revisó el cuerpo en primera instancia.

En estos casos se debe dar parte a la Policía, organismo que dispone de un médico de la fuerza para la revisión del cadáver en el lugar del hecho.En tal sentido, la Unidad Regional II cuenta con un plantel de cinco profesionales.

De hallarse indicios de violencia se informa al juzgado de instrucción en turno y se solicita la correspondiente autopsia. De tratarse de una muerte natural, se certifica y se libera el cuerpo para velatorio e inhumación.

“Pero llamamos a la Policía, vinieron y dijeron que el médico policial que estaba de turno no iba a venir por el tema del Covid, y que nosotros teníamos que conseguir un médico para que haga el certificado de defunción. Para colmo, hasta ese momento éramos como sospechosos porque dejaron un policía de guardia frente a la casa, mientras nosotros salimos a buscar un médico”, detalló Páez.

Duda y confusión

En consecuencia, se dirigieron hasta la clínica donde atiende el médico de cabecera del Pami del fallecido, quien les explicó que el procedimiento legal está a cargo de la Policía, lo que no hizo más que dejar el trámite en punto muerto.

El Territorio entrevistó a la señora Páez cuando el cadáver de su marido aún permanecía sobre la misma cama donde falleció, tras horas de dolor e incertidumbre para la familia.

“Mi esposo era diabético y tenía problemas cardíacos. Además le faltaba una pierna, por lo que usaba una prótesis. A pesar de sus problemas de salud estaba bien. Incluso anoche (por el martes) cenamos pizza y jugó con mi nietita. Después nos acostamos y a eso de las 3 escuché que fue al baño, volvió y se acostó”, relató.

La mujer se despertó a las 7, como es su costumbre, para llevar a una de sus hijas hasta el trabajo. En ese contexto notó que Vera estaba muy quieto, como graficó, pero pensó que aún dormía.

Fue su hija la que minutos más tarde la alertó sobre el deceso. “Estaba blanco y frío”, precisó.

“Es un momento horrible, muy triste y que uno no espera. Llamamos y pedimos una ambulancia del Hospital Samic, al rato llegaron y la doctora empezó a decir cosas como contradiciendo nuestra versión. Primero dijo que estaba muerto desde hacía mucho, como un día, siendo que le dijimos que a las 3 había ido al baño. Después me preguntó por qué le puse un algodón en la boca, pero revisó y era espuma. Entonces la doctora dijo que era un caso para la Policía y se retiraron”, precisó.

La familia reside en el barrio 53 Viviendas, sobre ruta provincial 5, jurisdicción de la Seccional Segunda de Oberá.

Muerte natural

Una vez en el domicilio, el oficial a cargo de la patrulla solicitó los correspondientes datos y anticipó que el médico policial en turno no acudiría al lugar debido a las restricciones por la pandemia de Covid-19, por lo que la propia familia tenía que conseguir un profesional que certifique la causa del deceso.

“Como el policía nos dijo eso salimos a buscar un médico particular y lo primero que hicimos fue ver al médico de cabecera del Pami, pero nos explicó que esa tarea le corresponde a la Policía. Entonces fue como que se tiraban la pelotita, para colmo en un momento muy estresante para la familia”, lamentó la viuda.

Luego consultaron a un segundo profesional de la misma clínica, quien les brindó la misma respuesta que el primer médico.

Así las horas fueron pasando sin solución a la vista, lo que no hizo más que aumentar la angustia de los deudos.

Al respecto, Páez mencionó que “en un momento el oficial nos dijo que era mejor que no venga el médico policial, porque capaz pedía autopsia y eso tarda tres o cuatro días; pero si conseguíamos un médico particular nos iba a firmar el certificado como muerte natural”.

Tras varias gestiones, finalmente un profesional particular aceptó la tarea y se acercó al domicilio. Revisó el cadáver y certificó que falleció por “paro cardíaco, infarto de miocardio. Muerte natural”, según constató este medio.

El médico en cuestión cobró 3.000 pesos por su trabajo, confió la señora Páez. Luego la familia inició los trámites con la empresa fúnebre.

“Lo que más nos llama la atención es que el médico policial no quiso venir, cuando averiguamos que la Policía de Oberá tiene cinco profesionales médicos. La verdad que pasamos horas muy feas”, lamentó.

el territorio

por: Daniel Villamea