Desarticulan el PCF, la banda liderada por Rojas que vendía droga premium

La ansiedad de los investigadores en los últimos días había ido aumentando cada vez más. Con la lupa puesta en Néstor Fabián Rojas (44), detenido en la cárcel de Ezeiza, habían desentrañado una organización dedicada al narcotráfico de magnitudes que operaba en Paraguay, Argentina y Brasil.

Una organización que tiene un nombre propio, prueba de la ambición del múltiple asesino oriundo en Puerto Iguazú y una muestra de sus relaciones, directas e indirectas, con los grupos criminales Bala Na Cara, Primer Comando Capital y Comando Vermelho en Brasil. Le puso PCF (Primer Comando de Frontera) e incluso mandó cargamentos identificados con esas iniciales.

Las investigaciones se iniciaron en septiembre del año pasado y permitieron frustrar el transporte de más de 11.000 kilos de marihuana y 30 kilogramos de cocaína que llegaban de Paraguay y tenían como destino final Buenos Aires o Brasil. Esos golpes fueron debilitando a la estructura criminal, generaron problemas internos y planes de ajustes de cuentas – asesinatos- por parte del líder Rojas. Pero ayer se concretó el nocaut.

Con toda la información, derivada sobre todo de escuchas telefónicas, se definió que sería el “Día D” y efectivos de Gendarmería Nacional -a cargo de la pesquisa-, con el apoyo de Prefectura Naval, Policía Federal y Policía de Misiones, desplegaron 12 allanamientos en Misiones y Buenos Aires. En la tierra colorada se detuvieron a tres personas, mientras que en Capital a otras cuatro.

Entre los puntos que se irrumpieron se destacan un galpón de Garupá preparado para el acopio y carga de marihuana -habían comprando un camión- y tres cárceles: la Unidad Penal VI, perteneciente al Servicio Penitenciario Provincial (SPP), y las cárceles federales de Candelaria y Ezeiza. Justamente tres de los detenidos ya estaban entre rejas: Rojas, organizador y financista, un ladero de la misma cárcel con influencia en esa provincia identificado como Pablo Antonio Campos y finalmente Walter Eris González, quien se encargaba de toda la logística en Misiones desde la UPVI.

Entre los detenidos en Misiones están los encargados de alquilar el galpón y anteriormente había coordinado el movimiento de droga en la provincia: recepción del alcaloide, compra de los vehículos para el transporte, contratación de punteros y paseros, además del conductor. Fueron identificados como José Ruiz Díaz y Oscar Adoni Rodríguez.

Este último es primo hermano del Negro Rojas y fue señalado como su mano derecha en la provincia, ya que es el que supervisaba todas las operaciones. Es un ex convicto que estuvo alojado en la cárcel de Candelaria, pero en su prontuario se destaca que purgó una condena a 7 años de prisión en Palencia, España.

En Buenos Aires se destaca la detención de la pareja de Rojas en Lanús -fueron dos mujeres detenidas-, quien tenía un rol preponderante en la organización. Tamara Judith Maciel era la encargada de administrar el dinero, cambiándolo por dólares, haciendo los pagos en la logística y cobrando los dividendos de las cargas. También hacía de nexo entre Rojas y las organizaciones criminales de Brasil, ya que el Negro la llamaba a ella, que con otro teléfono se comunicaba con los brasileños y ponía los dos aparatos juntos para que hablen.

Esta joven es hijastra de Julio Luis Morínigo, consorte de Rojas en la causa que investiga el doble crimen de El Acuerdo.

En total, sumando los procedimientos anteriores, fueron detenidas 13 personas y al menos dos se encuentran en condición de prófugos. Ayer un importante investigador calificado expresó que todos los integrantes, en Argentina, Brasil y Paraguay, tienen tatuado una “clavícula de nox”, un símbolo que representa la llave más oscura de nuestro ser. Se trata de un tridente sobre una circunferencia.

Esto está relacionado con las intenciones de Rojas de erigir una empresa criminal con una estructura similar a las bandas brasileñas. Por eso creó el PCF, que tiene como símbolo un dragón comiéndose a su propia cola, logo que aparecía en los cargamentos y también en una empresa de distribución, Distribuidora Norte – con la N de Negro destacada- que creó en Buenos Aires para blanquear dinero. Bajo esa firma alquiló un galpón y compró mercadería, aunque el verdadero fin era recibir droga.

El modus operandi
Con esta estructura y estos actores, la banda traficaba cocaína y marihuana, siempre bajo las órdenes de Rojas, que controlaba y supervisaba todo desde teléfonos celulares que ingresó al penal de forma ilegal. Tenía soldados -algunos familiares- en Ciudad del Este y Encarnación, donde se preparaba todo para los cruces a Argentina. La marihuana era producida en Paraguay y la cocaína en Perú.

Los ingresos de los cargamentos se hacían por Candelaria y después llegaban a destino. A Brasil se destinaba droga premium, exigida por sus compradores, por lo que los logos en los cargamentos también eran un certificado de calidad. Antes de las restricciones por el coronavirus, la droga salía por Santo Tomé, Corrientes y terminaba en Porto Alegre. Con el confinamiento, se iba por Panambí y San Javier.

En Brasil, además de sus compradores relacionados a Bala Na Cara, también tenía nexos que se encargaban de administrar su dinero y conseguir camiones con habilitación internacional para transportar grandes cargamentos de marihuana. De allí también compró armas y contrató sicarios para trabajos que se frustraron.

Todos los trabajos de Gendarmería fueron coordinados por el Juzgado Federal de Posadas, la Fiscalía Federal de Posadas y Procuraduría de Narcocriminalidad. De esta manera se lograron varias incautaciones, una de ellas de 10 toneladas en Encarnación, posible gracias a los trabajos conjuntos con la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) de Paraguay.

La droga iba a entrar por San Ignacio o Gobernador Roca y luego trasladada al galpón de Garupá con el camión volcador para después ser transportada a Moreno. Sin embargo, el 23 de octubre la Senad dio el golpe en tierras paraguayas y todo quedó frustrado. Al detalle, fueron incautados 10.039 kilogramos movilizados en un camión detenido en la zona de Pirapó.

El 29 de septiembre también se dio otro golpe, esta vez a cargo de Prefectura Naval Argentina, que incautó 707,681 kilogramos que estaban queriendo ingresar al país de Paraguay y que tenían destino final a Brasil. Por ese hecho fue detenido Rubén Darío Ayala Gamarra. La causa ya fue elevada a juicio y se solicitó una pena de 6 años de cárcel.

También el 30 de octubre se logró un golpe a la banda. Fue en un procedimiento de Gendarmería sobre la ruta provincial 5, en Panambí. En esa oportunidad se incautaron 407 kilogramos de marihuana que iban a ser vendidos en Brasil y que eran transportados en una camioneta Mitsubishi. El conductor del rodado escapó del control, pero abandonó la camioneta kilómetros más adelante. Después Sergio Mario Rolón, el chofer, fue ubicado, pero su acompañante escapó y estuvo prófugo hasta ayer. Se trata de José Ruiz Díaz.

Pero también fueron incautados dos cargamentos de cocaína. Uno de ellos sobre la ruta 12 ocurrido el 4 de este mes e informado hace pocos días en exclusiva por El Territorio. Se trata de 20 kilogramos que estaban siendo transportados en una motocicleta por Facundo Ochoa, prófugo luego de que la Justicia lo declarase en rebeldía por una condena.

También en Corrientes, los efectivos frustraron el 15 de octubre el envío de cocaína que estaba disimulada en dos encomiendas en repuestos de motos, con destino final a Buenos Aires. Se trató de 12 paquetes que tenían un kilogramos cada uno.

Así la estructura se fue debilitando, aunque por su perfil de psicópata narcisista -según el expediente- Rojas preguntaba si en las noticias de sus incautaciones aparecen las siglas de PCF o el logo del dragón que también pintó en sus celdas. Nada hizo detener su mano dura, sus planes para matar informantes, de atentar contra jueces. Ni su detención en una cárcel de máxima seguridad hizo que abandonara esa vida que lo erige como uno de los criminales más importantes de la historia misionera.

Planes de sicariato y una amenaza

En las escuchas de los celulares intervenidos de Rojas también quedó establecido su irascibilidad y su sed de sangre, además de una amenaza directa al juez Miguel Ángel Guerrero cuando se dio cuenta que su línea estaba intervenida.

Hace pocos días, luego de un asalto al galpón de Moreno donde iba a recibir las 10 toneladas, Rojas ordenó el asesinato de dos personas a quienes les atribuyó el golpe.

Se trata de dos líderes narco que manejan el negocio allí y que al parecer quisieron mejicanear la carga que nunca llegó simulando un procedimiento policial. Esa orden de sicariato aceleró los allanamientos de ayer.

También por la pérdida de los 700 kilos a finales de septiembre hizo que ordenara la ejecución de dos de sus soldados -uno en Paraguay y otro en Misiones- y de un efectivo de Prefectura Naval Argentina que llevó adelante el procedimiento.

Entonces se arbitraron los medios necesarios para que no ocurra.

Por otro lado, en una conversación del 19 de octubre con su novia, mientras tenía un encuentro sexual telefónico, Rojas se dio cuenta de que lo estaban escuchando y lanzó todo su odio.

“Están grabando estos putos, están grabando mangas de putos, a ver para que graben ya que están ahí atentos a todos, díganle a esos jueces, a esos jueces, que esto recién comienza, esto recién empieza, que van a pagar todos los que hicieron todo, todo uno por uno, uno por uno, todos”, dijo inmediatamente.

“Es para que paguen todo lo que hicieron, cuando vean, graben bien y ustedes saben de lo que les estoy diciendo la sigla PCF, graben bien, porque lo van marcar para toda la vida el resto de su corta vida”, añadió.

También expresó que el peor error de los investigadores fue no matarlo, y que por más que le den “cien o doscientos años”, va a vengarse.

Y entonces vino la amenaza a Guerrero: “MIGUEL ÁNGEL GUERRERO, vos que sos tan guerrero, como dice tu apellido, jueces hijos de mil puta (…). Vas a ver cuando comiencen a caer como mosca, porque como mosca van a caer y no van a saber ni qué pasó, ni un arma necesito, de esta vez le puedo asegurar que no necesito ni un arma”.

Territorio

Por: Carlos Manuel Cardozo

 

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