Fernando de Noronha: Una isla de Brasil habilita el turismo pero solo dejará ingresar a quienes hayan tenido Covid-19

Las autoridades de Fernando de Noronha, un archipiélago conformado por 21 islas, al noroeste de Brasil, volvieron a permitir la entrada a los turistas desde el 1 de septiembre. Sin embargo, solo dejan ingresar aquellos que hayan tenido coronavirus.

La isla, conocida como uno de los destinos turísticos más codiciados en los ránkings mundiales, que solía recibir a cientos de visitantes por día, cerró sus playas el 21 de marzo pasado para detener la propagación del virus, que golpeó duramente a este país, hasta convertirlo en el territorio con más muertos e infectados de América Latina.

Desde el perfil de Instagram de la Administración del Distrito Estatal de Fernando de Noronha, los funcionarios adelantaron que estaban listos para recibir a los visitantes. “Se tomaron todas las precauciones para garantizar que esta acción se realice de manera segura. Y lo mejor: no tendrás que quedarte en cuarentena para disfrutar de la belleza natural de la isla”, informaron.

La comunicación también agregó que la isla que comenzaría a reabrir en fases, a partir del primer día de septiembre, con estrictos controles sanitarios para “garantizar la protección de todos”. “En la primera fase, solo se permitirá desembarcar a turistas que hayan tenido COVID-19”, detallaron.

Para comprobar este requisito, los visitantes deberán presentar un resultado positivo del test del virus, que tendrá que enviarse a la administración a través de un formulario electrónico, el mismo donde se hace el registro para pagar la tasa de preservación ambiental.

“Estamos reabriendo responsablemente, con precaución y sin prisa”, reveló Guilherme Rocha, administrador del archipiélago, en conferencia de prensa.

Noronha se tomó muy en serio la pandemia, y lo hizo porque sabía que podía ser letal para sus 3000 residentes permanentes. El problema es que el hospital más cercano queda en la ciudad de Recife, capital del estado de Pernambuco, a 542 kilómetros.

En la isla principal, solo hay una salita con 12 camas pero no está preparada para atender pacientes de gravedad. Por esta razón, en las primeras semanas de pandemia, se levantó un pequeño hospital de campaña, pero no contaba con camas de cuidados intensivos.

El virus ingresó a la isla a través de casos importados de turistas. Para evitar la propagación, a mediados de abril, las autoridades decretaron el aislamiento obligatorio con vigilancia policial, algo casi utópico en un país en el cual el presidente Jair Bolsonaro se declaró “anticuarentena”.

De esta manera, los vecinos debían pedir permiso para realizar salidas puntuales, recibían por internet un formulario, en el que detallaban el día, la hora y el motivo por el cual querían abandonar su domicilio. Luego, la petición era analizada por el gabinete del administrador y, en caso de que fuera permitida, la persona recibía una autorización vía SMS.

Recién a mediados de junio se habilitó el regreso de sus habitantes que habían quedado fuera del territorio como consecuencia de las medidas restrictivas. Más allá de las precauciones, el COVID-19 logró propagarse y afectó a 90 residentes.

Sin embargo, Rocha aseguró que Fernando de Noronha se convirtió en “caso de éxito” en el país en relación al control de la pandemia. “No tuvimos transmisión comunitaria en la isla por mucho tiempo. Y queremos que siga siendo así”, resaltó el administrador del archipiélago.

De esta manera, los pacientes recuperados de coronavirus que tenían pensado vacacionar en este destino, de playas salvajes y aguas cristalinas, con paisajes impresionantes y una reserva marina nacional, podrán hacerlo. Pero aquellos que no se contagiaron, deberán esperar a una próxima fase.

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