Oberá: Asumió un nuevo jefe y se renovó toda la División Toxicomanía

El escándalo por el robo de un kilo de cocaína de máxima pureza que se hallaba en el depósito de secuestros de estupefacientes de la Unidad Regional II derivó en el recambio del jefe y de todo el personal que se desempeñaba en la División Toxicomanía de Oberá.

En paralelo a la causa que se tramita ante el Juzgado Federal de Oberá, a cargo del magistrado Alejandro Gallandat Luzuriaga, hace diez días la Jefatura de la Policía de Misiones ordenó el pase a disponibilidad del subcomisario Carlos Ariel L., quien se desempeñaba como jefe de Toxicomanía, y dos subalternos.

Por ello, avanzada la investigación interna, el sábado las autoridades policiales dispusieron el relevo de todo el personal de la citada división, al tiempo que nombraron como nuevo jefe al oficial auxiliar Claudio Galeano, quien viene de cumplir funciones como segundo jefe de la Seccional Segunda. Junto a Galeano también arribaron cinco subalternos.

En tanto, los apartados de Toxicomanía pasarán a cumplir funciones en diferentes comisarías de la jurisdicción de la UR II, sin perjuicio de lo que depare la incipiente investigación judicial por la desaparición de droga.

“Todavía no se conocen las implicancias que puede llegar a tener la investigación judicial, por lo que la superioridad ordenó el relevo de todo el personal que se desempeñaba en Toxicomanía y su reubicación en otras dependencias”, confirmaron fuentes de la fuerza.

Con relación a los nuevos integrantes de la división, reconocieron que “se buscó gente nueva para empezar de cero. Tendrán que adecuarse a ciertas cuestiones específicas, como labrar las actuaciones según el marco federal y el manejo de reactivos para drogas, por lo que tendrán que capacitarse sobre la marcha”.

Graves implicancias
Tal como publicó El Territorio en su edición de la víspera, la semana pasada el juez Gallandat Luzuriaga ordenó el secreto de sumario por diez días, lapso que luego podría ser prorrogado de ser necesario.

El magistrado busca preservar al máximo los testimonios y elementos de prueba para evitar filtraciones que puedan interferir en una pesquisa de por sí muy compleja, ya que los implicados son integrantes de la Policía de Misiones.

Hasta el momento prestaron declaración el apartado jefe de Toxicomanía, subcomisario Carlos Ariel L., y subalternos de la misma división encargada de la custodia del depósito de secuestros de estupefacientes que se halla en el predio de la Seccional Tercera de Oberá.

Sin entrar en detalles que afecten el secreto de sumario vigente, este matutino pudo averiguar que cada uno de los policías que prestó declaración hasta el momento trató de despegarse de las sospechas y señaló a camaradas.

Desde un primer momento la investigación se enfocó en el jefe y personal de Toxicomanía, los únicos que tenían acceso a las llaves del depósito que dispone de cerradura y candado.

Un dato clave indica que en acceso no fue forzada, por lo que quien o quienes tomaron la cocaína contaban con llaves, lo que no hace más que complicar la situación del personal.

Por ello, en paralelo a la causa judicial, la Jefatura de la fuerza policial ordenó el pase a disponibilidad del jefe y dos subalternos que fueron los últimos en ingresar al depósito.

Los citados subalternos habrían accedido al depósito el pasado 5 de agosto, dos días antes de que el jefe de la división informe sobre la desaparición de la droga.

La Justicia Federal no descarta ninguna hipótesis ni complicidades y esta semana continuarán con indagatorias.

Máxima pureza
Si bien el depósito de secuestros de estupefacientes se encuentra en dependencias de la Seccional Tercera, el control es exclusiva responsabilidad de Toxicomanía.

De todas formas, el último viernes testificó la jefa de la Tercera, quien habría brindado detalles de los movimientos que observaba en el depósito de secuestros.

Llamativamente, en su interior no existen cámaras de seguridad. Además, según se estableció, en el libro de guardia de la seccional no se registraba el acceso del personal de Toxicomanía al depósito, lo que atiza suspicacias.

Por ello, ahora las autoridades judiciales tratarán de establecer si existe alguna norma interna que obliga a registrar los ingresos, y si así fuera, por qué no se llevaba a la práctica. Si hubo acción u omisión, complicidad o negligencia del personal de guardia.

El faltante de un kilo de cocaína fue alertado el pasado 7 de agosto por el propio personal de la División Toxicomanía, ante lo cual se dio parte a la Jefatura y se activó la investigación interna.

La droga desaparecida era parte de un lote decomisado el 28 de septiembre del año pasado en un procedimiento que se concretó en la localidad de Campo Viera.

En aquella ocasión un hombre de 50 años fue detenido con varios panes de cocaína de máxima pureza, secuestro que arrojó un peso total de 4,213 kilogramos divididos en cuatro paquetes, de los cuales desapareció uno.

En tanto, se estima que la cantidad desaparecida se cotiza en alrededor de 1.500.000 de pesos.

Al momento del decomiso del año pasado, las autoridades de la Jefatura de la Policía precisaron que se trataba de “cocaína de máxima pureza”.
El Territorio

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