Oberá: La cocaína robada del depósito policial ya se estaría vendiendo

Un requerimiento al Comando Radioeléctrico Centro por una denuncia de violencia doméstica derivó en un dato que permite dimensionar las consecuencias del robo de un kilogramo de cocaína del depósito de decomisos de la División Toxicomanía de la Unidad Regional II de Oberá.

Según averiguó El Territorio con fuentes del caso, el testimonio de un hombre que fue detenido el pasado 6 de agosto permitiría corroborar que la droga desaparecida de la dependencia policial ya fue introducida al circuito comercial ilegal de la ciudad de Oberá.

Si bien la pesquisa ordenada por el juez federal Alejandro Gallandat Luzuriaga está a cargo de personal de Gendarmería Nacional Argentina (GNA), el indicio que derivó en los primeros allanamientos fue suministrado por personal policial, específicamente del Comando Radioeléctrico Centro, dependencia que estuvo a cargo de la citada detención del día 6.

Desde un primer momento los efectivos que acudieron al requerimiento notaron que el hombre en cuestión se hallaba muy alterado, como afectado por el consumo de algún tipo de sustancia.

En el lugar, sus propios familiares reconocieron que es adicto a las drogas, aunque mencionaron que al momento evidenciaba un comportamiento más violento de lo habitual, lo que relacionaron con la posibilidad de alguna mezcla de sustancias.

En consecuencia el detenido fue trasladado a una dependencia policial, donde más tarde y ya calmado, precisó que habría consumido una dosis de cocaína de máxima pureza, nada comparado con lo que adquiría habitualmente.

“Era pura pura, parece que no estaba cortada. Nunca tomé algo tan fuerte”, habría asegurado ante los uniformados.

Nombre y relaciones
El personal policial siguió indagando y surgió el nombre del presunto vendedor de la droga, quien es familiar directo de un integrante de la División Toxicomanía de Oberá, lo que encendió todas las alarmas.

A partir de ese testimonio, que según fuentes del caso habría sido previo a la constatación del robo de un kilo de droga que estaba en resguardo de la Policía, la semana pasada se ordenó el allanamiento de una vivienda donde personal de GNA encontró 60 gramos de marihuana y una dosis de cocaína.

Luego el Juzgado Federal de Oberá informó que dicha dosis será peritada para tratar de confirmar su procedencia y la posible vinculación con el lote al que pertenecía la sustancia que desapareció del depósito. Por el momento no se conoció el resultado de la pericia química ordenada por Gallandat Luzuriaga.

Ayer, en diálogo con este matutino, un vocero de la fuerza provincial confirmó que el faltante de un kilo de cocaína fue alertado el 7 de agosto por personal de Toxicomanía, ante lo cual se dio parte a la Jefatura y se activó la investigación.

Por la gravedad del caso y las posibles implicancias, el último jueves la cúpula policial ordenó el pase a disponibilidad del jefe de Toxicomanía, subcomisario Carlos Ariel L., y de dos subalternos.

Se trata del sargento Mauro Maximiliano M. y la cabo Ariatna Agustina A., los últimos que accedieron al depósito de secuestros de estupefacientes antes que detecte el faltante.

Hasta ayer, ninguno de los tres declaró en sede judicial ni fue citado por Asuntos Internos de la Policía, a cargo de la instrucción del sumario interno, puesto que la investigación penal fue asignada a la GNA.

Pedido de informe
Más allá de investigación judicial en marcha, que podría derivar en mayores responsabilidades, lo cierto es que a partir del testimonio de un confeso adicto se afianza la hipótesis de que la cocaína desaparecida ya está circulando en las calles de Oberá.

Al respecto, el faltante era parte de un lote decomisado el 28 de septiembre del año pasado en un procedimiento que se concretó en la localidad de Campo Viera.

En aquella ocasión un hombre de 50 años fue detenido con varios panes de cocaína de máxima pureza, secuestro que arrojó un peso total de 4,213 kilogramos divididos en cuatro paquetes, de los cuales desapareció uno.

En tanto, se estima que la cantidad desaparecida se cotiza en alrededor de 1.500.000 de pesos.

Al momento del decomiso del año pasado, las autoridades de la Jefatura de la Policía precisaron que se trataba  de “cocaína de máxima pureza”, lo que se condice con el testimonio del consumidor que posteriormente aportó datos a la investigación.

Lo cierto es que el escándalo trascendió el ámbito policial y judicial, al punto que el Concejo Deliberante de Oberá pretende elevar un pedido de informe a las autoridades del Ministerio de Gobierno con el objetivo de deslindar las responsabilidades del caso.

Asimismo, desde la Pastoral de Adicciones de la Diócesis de Oberá, entidad de referencia en la lucha contra las drogas a nivel local, analizan la redacción de un documento oficial solicitando una exhaustiva investigación.

Por otra parte, también generó inquietud un dato dado a conocer por este diario respecto a los antecedentes que pesan sobre el subcomisario Carlos Ariel L., jefe de Toxicomanía, quien además está imputado por el homicidio de Hugo Miguel Wasyluk (38), cuyo cadáver fue hallado el 26 de abril del 2011 en una celda de la Seccional Primera de Oberá.

Acceso no forzado
Tras el pase a disponibilidad de tres efectivos de Toxicomanía, al menos de manera institucional se estarían deslindando las responsabilidades del caso, aunque aún resta avanzar en el ámbito judicial. Por ello será importante lo que cada uno declare oportunamente.

Tal como viene publicando este diario, si bien la droga que desapareció se hallaba en resguardo dentro del edilicio de la Seccional Tercera, el control de la misma era exclusiva responsabilidad del jefe y segundo a cargo de Toxicomanía y sólo ellos disponían de las llaves del lugar.

Un dato clave indica que la puerta de acceso al depósito no fue forzada, por lo que quien o quienes tomaron la cocaína contaban con llaves, lo que no hace más que complicar la situación del personal.

El escándalo no se agota en el faltante de cocaína, ya que la pesquisa también avanzó en el control de un lote de una importante carga de marihuana incautada.

En principio, el peso que arrojó la droga no coincidió con lo que se había secuestrado -alrededor de 4 toneladas-, al punto que habría disminuido un 15 por ciento del volumen original.

Sin embargo, según precisaron altas fuentes, todo indicaría que se trató de una “deshidratación” de la marihuana, algo que muchos conocedores coinciden que sucede.

Por ello se realizó un conteo pan por pan y no se detectaron faltantes. Es decir que si bien ahora pesa menos que cuando fue incautada, no faltaría droga en ese lote.

De todas formas, las autoridades intervinientes insistieron con que se hará una inspección más exhaustiva.
El Territorio

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